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El límite de 26 grados del RITE no obliga al aire acondicionado de casa

La norma española reserva ese suelo de refrigeración a oficinas, comercios y recintos de pública concurrencia. En una vivienda no fija una cifra universal: hay que separar alcance legal, confort, salud y consumo.

Mano con mando de aire acondicionado y llaves de casa ante un salón con persianas, equipo mural y ventilador.
El límite de refrigeración del RITE se dirige a determinados usos no residenciales; el mando de una vivienda no queda sujeto a esa cifra. Imagen generada por IA

En una mano caben dos objetos que suelen mezclarse en la conversación de verano: el mando del aire acondicionado y las llaves de casa. El primero invita a buscar un número correcto; las segundas recuerdan que el tipo de recinto importa. El límite de 26 °C que aparece en el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) no convierte esa cifra en una orden para todos los salones y dormitorios de España.

La instrucción técnica 3.8 acota expresamente la limitación a establecimientos acondicionados de uso administrativo, comercial y de pública concurrencia. Enumera oficinas, tiendas, supermercados, grandes almacenes, centros comerciales, teatros, cines, auditorios, centros de congresos, salas de exposiciones, locales de espectáculos, bares, restaurantes, cafeterías, estaciones y aeropuertos. La vivienda privada no figura en esa relación.

Eso no significa que el RITE sea ajeno a las viviendas. El reglamento contiene exigencias de eficiencia, seguridad, mantenimiento y diseño para instalaciones térmicas de edificios, también residenciales cuando corresponda. Significa algo más preciso: la limitación de temperatura de la IT 3.8 tiene un ámbito propio y no debe extenderse por intuición a cualquier equipo doméstico.

Qué limita exactamente la regla de 26 °C

Para los usos que sí están dentro de la IT 3.8, el texto consolidado del BOE dice que la temperatura del aire en los recintos refrigerados no será inferior a 26 °C cuando se necesite energía convencional para generar frío. Vincula ese límite a una humedad relativa de entre el 30 % y el 70 % y lo aplica durante el uso, explotación y mantenimiento de la instalación por razones de ahorro energético.

La formulación tiene tres matices. Habla de temperatura del aire del recinto, no de una cifra aislada en un mando. Se refiere a refrigeración activa que consume energía para producir frío. Y solo alcanza a los usos que la instrucción acaba de listar. Leer únicamente “26 °C” y omitir esas condiciones cambia el sentido de la norma.

El propio procedimiento de inspección confirma que no se fiscaliza la pantalla de un mando como si fuera un termómetro legal. El RITE considera la temperatura media del recinto, admite un margen de comprobación de un grado y describe mediciones distribuidas por superficie y realizadas a 1,7 metros del suelo. Una consigna y una temperatura ambiente medida no son necesariamente idénticas: influyen la posición del sensor, el tamaño del espacio, la radiación solar, el caudal de aire y la distribución del frío.

Los 27 °C fueron una medida temporal, no la regla actual de casa

Parte de la confusión procede del plan de ahorro energético aprobado en agosto de 2022. El Real Decreto-ley 14/2022 elevó temporalmente a 27 °C el límite de refrigeración para los edificios y locales ya sujetos a la limitación de la IT 3.8. La medida no creó una obligación general para las viviendas.

Tampoco quedó abierta sin fecha. La disposición final decimoséptima fijó la vigencia de esas obligaciones hasta el 1 de noviembre de 2023. Presentar hoy los 27 °C como un mandato general vigente confunde una intervención temporal y sectorial con el texto ordinario del RITE. Para los recintos comprendidos en la IT 3.8, la referencia consolidada vuelve a ser el suelo de 26 °C; para el hogar, ninguna de las dos cifras se convierte por esa vía en una consigna obligatoria.

En casa, la consigna es un objetivo de control

El mando no ordena al aparato que el aire expulsado tenga exactamente la temperatura seleccionada. Fija un objetivo que el sistema intenta mantener usando sus sensores y su lógica de control. Según el equipo, la diferencia entre la temperatura detectada y la consigna puede modificar la potencia del compresor, la velocidad del ventilador o los ciclos de funcionamiento. Por eso no conviene trasladar sin más a todos los modelos la idea de que bajar muchos grados equivale a pulsar un botón “turbo”.

La Comisión Europea recomienda aumentar la consigna tanto como resulte confortable para ahorrar energía y advierte de que bajarla en exceso eleva el consumo, puede empeorar el confort por los ciclos de compresor y ventilador y aumenta el desgaste. La instrucción del fabricante sigue siendo la referencia para saber qué hacen los modos automático, frío, deshumidificación, sueño o seguimiento del mando en un aparato concreto.

Hay otra razón para evitar cifras convertidas en dogma: dos viviendas con el mismo ajuste pueden sentirse distintas. Humedad, orientación, aislamiento, superficies calientes, altura, número de personas, actividad, ropa y movimiento del aire cambian la experiencia térmica. Una habitación muy soleada puede seguir cargando calor aunque el sensor cercano a la unidad ya detecte su objetivo.

Antes de bajar el mando, reduzca el calor que entra

El equipo solo puede retirar el calor que la vivienda acumula. Si el sol atraviesa el vidrio durante horas, una ventana queda abierta o el aire frío se escapa hacia zonas que no se quieren acondicionar, el sistema debe compensar esa carga. La página europea de producto para aires acondicionados aconseja impedir la entrada de radiación con persianas, contraventanas o láminas solares y no ventilar mientras se está refrigerando.

La secuencia importa. Bajar las persianas exteriores o cerrar las contraventanas antes de que la fachada reciba la mayor radiación suele ser más eficaz que reaccionar cuando paredes, suelo y muebles ya almacenaron calor. Cuando el aire exterior sea realmente más fresco que el interior, se puede ventilar; durante las horas más calientes, abrir de par en par mientras funciona el aire acondicionado mezcla dos estrategias contrarias.

Cerrar no significa olvidar la calidad del aire. Cocinar, ducharse, limpiar y ocupar una estancia generan humedad y contaminantes que requieren ventilación. La decisión práctica es elegir el momento y no pedir simultáneamente al aparato que enfríe una corriente continua de aire exterior caliente. En viviendas con ventilación mecánica, no se deben bloquear rejillas ni alterar el sistema sin criterio técnico.

El ventilador mueve el confort, no fabrica frío

Un ventilador de confort consume mucho menos que un aire acondicionado y puede aumentar la pérdida de calor del cuerpo por convección y evaporación. Esa sensación permite a algunas personas mantener una consigna más alta cuando ambos equipos funcionan juntos. La Comisión Europea menciona expresamente esa combinación como vía de ahorro.

Pero el ventilador no extrae calor de la habitación como lo hace un ciclo frigorífico. Cuando no hay nadie, dejarlo encendido no conserva una reserva de aire frío. Y en condiciones de calor extremo, mover aire no sustituye automáticamente un espacio fresco o climatizado, especialmente para personas vulnerables. La utilidad depende de la temperatura, la humedad, la exposición y el estado de salud.

El sensor puede estar leyendo otro microclima

Una lámpara, un televisor, el sol directo o una pared especialmente caliente cerca del sensor pueden hacer que el aparato interprete una temperatura distinta de la zona ocupada. La Comisión Europea desaconseja colocar lámparas o televisores junto al termostato porque su calor puede alargar el funcionamiento. En algunos equipos el sensor está en la unidad interior; en otros, el mando puede actuar como referencia en ciertos modos.

Antes de concluir que el aparato “no obedece”, conviene comprobar dónde mide, limpiar los filtros según el manual, mantener libres las entradas y salidas de aire y observar si puertas abiertas o obstáculos crean zonas desconectadas. Si aparece hielo, fuga, olor anómalo, ruido nuevo, drenaje interior o pérdida sostenida de rendimiento, no se arregla bajando la consigna: toca revisar el manual, apagar si hay riesgo y recurrir a mantenimiento cualificado.

La etiqueta ayuda a comparar el equipo, no la casa completa

Al comprar un aparato de hasta 12 kW dentro del ámbito europeo, la etiqueta energética informa sobre la clase de eficiencia en frío y calor, consumo anual u horario según la categoría y niveles de potencia acústica. El registro EPREL permite consultar datos adicionales del modelo, como eficiencia estacional, carga de diseño, ruido y refrigerante.

Esos datos sirven para comparar productos bajo condiciones normalizadas; no predicen una factura doméstica exacta. El consumo real depende del clima, la tarifa, las horas de uso, la consigna, la carga solar, la envolvente, el mantenimiento y el dimensionado. Sobredimensionar tampoco es una garantía de confort: la Comisión aconseja elegir una capacidad adecuada y no comprar una unidad central mayor de la necesaria.

La salud no cabe en una cifra energética universal

El Plan Nacional de actuaciones preventivas frente al exceso de temperaturas de 2026 recuerda que el impacto del calor depende de factores personales, sociales y ambientales. Presta especial atención a bebés y menores, personas mayores, gestantes y quienes viven con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer, problemas de movilidad, demencia u otras enfermedades mentales, entre otras situaciones.

Su recomendación general no obliga a soportar una estancia que no resulte segura para cumplir una consigna de ahorro: pide permanecer el mayor tiempo posible en lugares frescos, a la sombra o climatizados y refrescarse cuando sea necesario. También aconseja beber con frecuencia y consultar a un profesional sanitario cuando los síntomas posiblemente relacionados con el calor se prolonguen más de una hora.

Dolor de cabeza, debilidad, mareo, confusión, piel muy caliente, desmayo o empeoramiento de una enfermedad no deben resolverse discutiendo si el mando marca 25, 26 o 27. Hay que salir del calor, pedir ayuda y seguir las indicaciones sanitarias. Una persona con necesidades médicas puede requerir un entorno distinto del que otra considera confortable.

Una rutina doméstica más útil que perseguir un número

  • Compruebe la temperatura real en la zona ocupada con un termómetro fiable y observe también la humedad; no confíe solo en la pantalla del mando.
  • Proteja ventanas del sol antes de que se caliente la vivienda y ventile cuando el exterior sea más fresco, no durante la refrigeración activa en las horas más cálidas.
  • Elija una consigna confortable y estable; evite bajadas extremas para compensar persianas abiertas, filtros sucios o un equipo mal dimensionado.
  • Use un ventilador para mover aire cuando resulte seguro y agradable, y apáguelo en una habitación vacía si no cumple otra función necesaria.
  • Mantenga filtros, desagüe y unidades según el manual; no abra el circuito frigorífico ni manipule refrigerante sin un profesional habilitado.
  • Adapte la decisión a niños, mayores, embarazo, medicación y enfermedades; ante síntomas de calor, priorice las recomendaciones sanitarias.
  • Si está en una tienda, oficina, restaurante, sala, estación o aeropuerto, no extrapole el mando visible: la IT 3.8 regula la temperatura media del recinto y su cumplimiento corresponde al titular y a la autoridad competente.

Para lectores de otros países hispanohablantes, la parte técnica sobre carga solar, ventilación, sensores y uso combinado puede orientar una comprobación doméstica, pero el alcance legal descrito pertenece a España. Cada país, ciudad o comunidad puede tener reglas propias para viviendas, comercios, lugares de trabajo o episodios de emergencia.

La conclusión no es que 26 °C sea una mala referencia. Puede ser una consigna razonable en muchas viviendas y situaciones. La conclusión es que una referencia de eficiencia, un límite legal para determinados locales y una necesidad de salud son tres cosas distintas. La llave de casa obliga a hacer esa separación antes de tocar el mando.

Nota editorial. Información general sobre climatización, eficiencia, salud y normativa española; no sustituye el manual del equipo, una evaluación técnica, consejo médico ni asesoramiento jurídico. Las necesidades térmicas y las obligaciones aplicables dependen de la persona, el recinto, la instalación, la comunidad autónoma y la normativa vigente.

Fuentes

  1. BOE, Real Decreto 1027/2007 por el que se aprueba el RITE, texto consolidado consultado el 27 de julio de 2026. Verificado: ámbito específico de la IT 3.8, usos incluidos, límite ordinario de 26 °C, humedad, medición e inspección.
  2. BOE, Real Decreto-ley 14/2022, texto consolidado consultado el 27 de julio de 2026. Verificado: elevación temporal a 27 °C para locales sujetos a la IT 3.8 y fin de vigencia el 1 de noviembre de 2023.
  3. MITECO, página oficial del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, consultada el 27 de julio de 2026. Verificado: finalidad del RITE, modificaciones principales y acceso a normativa y documentos reconocidos.
  4. Comisión Europea, ficha de aires acondicionados y ventiladores de confort, consultada el 27 de julio de 2026. Verificado: etiqueta y EPREL, persianas, ventilación, ventiladores, ubicación del sensor, consigna y dimensionado.
  5. Ministerio de Sanidad, Plan Nacional de actuaciones preventivas frente al exceso de temperaturas 2026, aprobado el 28 de abril de 2026. Verificado: población vulnerable, factores de riesgo y recomendaciones para permanecer en lugares frescos o climatizados.

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Javier Torres, Editor, Edición en español en Sona News
Escrito por
Javier Torres
Editor, Edición en español, Sona News

Javier Torres edita la edición en español de Sona News y cubre economía, energía y América Latina desde Madrid.

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